20 noviembre 2007

La Maldición del Mary Celeste

Cuando me dedico a escribir: PARTE I


Capitulo II:

Conociéndonos

Amaneció. Fue Ryan Marshall el primero que abrió los ojos aquella mañana. La noche anterior se había acostado relativamente temprano y ya sobre las 7 no tenía sueño, era un joven de poco dormir. Abrió la puerta de su camarote y miró a ambos lados del pasillo. Nada, silencio. No estaban ni los dos polis que le custodiaban día y noche en la entrada de su cuarto. Volvió a entrar para acicalarse. Se dio una ducha y se colocó uno de sus chándals Nike que tenía entre su equipaje. Se puso una gorra sobre su pelo rapado en el cuál comenzaba a brotar su cabello rubio. Detrás de la oreja, un cigarro y en su bolsillo derecho, el zipo. Regresó para abrir la puerta y, a pesar de que había transcurrido una media hora más, el barco seguía en silencio. Salió de su habitación, sabiendo el riesgo que corría si lo pillaban los dos detectives que lo acompañaban en su travesía. Caminó por varios pasillos en busca de “alguien”. Era un chico bastante despreocupado, así que no se sentía tampoco alertado o por lo menos esa es la imagen que daba. Subió a la cubierta y lo mismo. La piscina, vacía. La cafetería, vacía. La zona de descanso, vacía. No había un alma.

- Chiquita fiesta se corrieron anoche” – dijo a la nada, mientras suspiraba y se iba a una de las hamacas, en la cuál se sentó. Subió la mano hacía su oreja y descubrió el Malboro que tenía, al mismo tiempo que se buscaba en que bolsillo tenía ese mechero tan caro que había robado en una ocasión.

- “En el derecho Ryan, por favor” – decía hablando solo. Se tumbó en la hamaca y contempló el cielo. Estaba especialmente azul, sin una nube que sirviera de obstáculo a ese sol radiante que brillaba. Tras unos cinco minutos, Ryan se incorporó. Notó algo raro. Algo...Se asomó a la barandilla y dijo: “¡Mierda! ¡Estamos parados!”

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Al mismo tiempo comenzaba a despertarse Hailie Monet, tras un bostezó que ella misma pensaba que no iba a acabar. Se frotó los ojos y se quedó en stand by durante un par de segundos. Se estiró y le lanzó la almohada a su prima Jayde, la cuál aún gozada de un sueño muy reparador, hasta ese mismo instante al menos.

- “Kevin, déjame dormir un poco más” – dijo dando la espalda y ocultando su cabeza bajo las sábanas.

-“Jayde, prima, Kevin te dejó, ¿no te acuerdas?. Ya creo que es hora de que dejes de confundirme con el tipo que te puso los cuernos” - . Respondió Hailie molesta.

Jayde se incorporó y pidió disculpas refunfuñando. A pesar de ser familia de poco a nada se parecían. No solo se distinguían en el físico, ya que Hailie era rubia teñida con el pelo largo hasta la cadera, alta, con los ojos azules y con algún que otro piercing, en cambio, Jayde era mucho más bajita, rubia natural, pelo por los hombros y sus ojos con un color verde esperanza muy bonito. De personalidades, Hailie era la salvaje al fin y al cabo su profesión lo requería, ser cantante no era nada fácil para un chica de 22 años, tenía un carácter muy temperamental y jamás le han ido las relaciones estables. Su prima es todo lo contrario. Son el ángel y el diablo.

Ambas se arreglaron para marchar a desayunar y dejaron patente sus formas distintas de ser con tan solo mirarles la ropa: Hai siempre con sus minifaldas y sus chaquetas de pelos y Jayde, con unos vaqueros y una camisa de Tommy Hilfiger. Recorrieron los pasillos juntas, y mientras Hailie cantaba sus canciones a pleno grito y a capella, Jayde reflejaba en su cara el desconcierto de no encontrarse con nadie.

- “¿Qué hora dijiste que era?” – preguntó Jay confusa.

- “Sobre las 8, ¿Por qué?” – respondió Hailie sacándose un chicle viejo que tenía en su chaqueta y metiéndoselo en la boca.

- “Porque no es normal que no haya gente – comentó confusa - Subamos a estribor” – dijo señalando las escaleras.

Llegaron arriba y nada. Más de lo mismo. Hailie seguía cantando, despreocupada como siempre. Jayde se acercó al puesto de mando: “Hai...no hay nadie conduciendo el barco, informó asustada.

CONTINUARÁ...

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