24 octubre 2007

La Maldición del Mary Celeste

Cuando me dedico a escribir: Introducción a mi libro


Capitulo I:

El nuevo Mary Celeste

El Mary Celeste zarpó el 7 de noviembre de 1872 del puerto de Nueva York rumbo a Génova, al mando del capitán Benjamín S. Briggs estando la tripulación compuesta por su esposa, su hija y siete hombres más. El buque transportaba 1700 barriles de alcohol comercial, por encargo de la firma H. Mascarenhas & Co, para aumentar la graduación alcohólica del vino. El barco en cuestión, fue construido en Nueva Escocia hacia 1861. Se trataba de un bergantín Goleta, con casco de madera y dos palos, con velas cuadras en el palo trinquete. Tenia 30 metros de eslora por 7,6 de manga y desplazaba 286 T. Originariamente el barco fue llamado con el nombre de Amazon. , luego se lo cambio por el de Mary Sellars y, por último, tal como cuenta la leyenda, se convirtió en el Mary Celeste, siendo el motivo de esta última modificación un error ortográfico de quien pinto el nombre.

El barco fue hallado a la deriva y sin nadie abordo, aproximadamente a las 15.00 Hs del 5 de diciembre de 1872, al cabo de 10 días de la última anotación del capitán en la pizarra del puente. Fue avistado por el bergantín Dei Gratia., que navegaba a Gibraltar desde Nueva York, a 650 Km. al este de las Azores. Lo curioso del caso es que no había nadie al timón, ni señal alguna de vida. El cuaderno de bitácora no redactaba ninguna analogía en el transcurso del viaje siendo la última anotación el 24/11/1872. Estaba todo en su sitio, desde la comida hasta las joyas de la mujer del capitán e incluso el dinero de los pasajeros. No faltaba nada, excepto el único bote salvavidas. Esto precipitó la teoría de una rápida huída ya que cuando el Dei Gratia abordó el buque, la pipa del señor Briggs estaba encendida y en la cocina el té aún estaba caliente.

Después de este suceso la carrera del Mary Celeste fue muy ajetreada. Fue vendido muchas veces y siempre por un precio inferior al del mercado, ya que era difícil encontrar tripulación para un barco que se creía “embrujado”.

Nos encontramos en Nueva York un siglo después de la tragedia del Mary Celeste. Es una época en la que comienza el reflejo del pensamiento juvenil en las paredes de los metros a modo de graffitis y un momento político salpicado de acontecimientos escandalosos como el caso “Watergate” iniciado en la campaña electoral del propio presidente del país, Richard Nixon, en donde implicó a varias miembros de la casa Blanca denominándolos ladrones.

En estas condiciones, se comenzó a considerar la creación de un nuevo Mary Celeste en homenaje a su desaparición en 1872. Esta vez no sería un simple barco de transporte de mercancías, si no un gran crucero trasatlántico dotado de gran lujo. El capitán Josh

Stewart, fue el principal impulsor de esta idea, pero debido a los problemas políticos de la época no logró recaudar el dinero suficiente para poder poner en marcha su innovador proyecto.

Pasan los años, y la mente Stewart sigue centrada en esa idea. En 1980 con la llegada al gobierno de Ronald Reagan como nuevo presidente estadounidense, se inicia para Stewart su sueño a manos de los astilleros Escoceses que comienzan a construir el barco. Son siete los años que el maduro capitán ha tenido que esperar para ver su sueño hecho realidad: El Mary Celeste flota de nuevo.

El plan de Stewart era sencillo: desde Nueva Escocia se traerá el barco a modo de prueba y su primer viaje se efectuará el 7 de noviembre rumbo Génova, como el antiguo Mary Celeste hizo. La inauguración fue todo un éxito, acudieron muchas celebridades desde el director de cine John Carpenter hasta el actor de nombre reconocido Tommy Lee Jones y por supuesto, el propio presidente del Estado. Desde que el Mary Celeste, surcó las aguas del pacífico, se convirtió en el mayor trasatlántico jamás construido y Stewart, como su capitán, estaba orgulloso de ello.

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A pesar de los años, el Mary Celeste no había encontrado rival en la mar. Ya inmersos en la primera década del siglo XXI, este crucero trasatlántico seguía siendo el rey del océano y transportaba mensualmente a miles de personas. Debido a su gran éxito, Stewart decidió que su barco haría más paradas antes de llegar a Génova, siendo estas por la costa hasta llegar a Florida.

Pero el viaje del 10º aniversario de la creación de Mary Celeste en 2007, fue diferente a los demás. No solo por cumplir años, si no porque el mismo Stewart lo conduciría a Génova como último viaje antes de su jubilación. Para variar pedía que fuera el mismo día 7 de noviembre cuando el crucero partiera de este viaje tan especial.

En su embarcación subieron todo tipo de personas, con distintas nacionalidades, edades...algunas iban acompañadas, otras iban solas, unas por motivos de trabajo, otras por vacaciones...en definitiva, el Mary Celeste se llenaba de gente. Su capacidad era para unas 2.000 personas aproximadamente con unos 400 tripulantes a bordo. Tras llenarse, zarpó. Tenía el mar por delante y una travesía complicada por el carácter que tiene el mar durante esa época.

La gente disfrutaba de las instalaciones que tenía el gran buque, desde pista de patinaje artístico, spa, un mini golf, más de 8 restaurantes y bueno...mil actividades para pasar el mes en la mar. Era un privilegio que no todo el mundo se podía permitir.

Los primeros días del viaje habían transcurrido normales. El capitán se sentía nostálgico al saber que era su último desplazamiento, así que preparó una gran fiesta con todos sus pasajeros. Un gran espectáculo se esperaba aquella noche, con barra libre, bailarinas, buffet...el capitán quería jubilarse a lo grande. Pronto se comenzó a ver el estado de embriagues de ciertos pasajeros, pero daba lo mismo aquello era una fiesta y todo se permitía. Sobre las 5 de la mañana más de la mitad de los pasajeros habían marchado a sus camarotes para descansar tras la alocada noche. Y ya a las 6 no quedaba nadie, el mismo Stewart puso el piloto automático para poder ir descansar junto con sus compañeros. El barco quedó completamente silencioso: los pasillos estaban vacíos, en el restaurante solo se escuchaba la voz de la televisión y desde la piscina el ruido de los motores. Reinaba la calma. Una calma extraña. Una calma sospechosa.

CONTINUARÁ...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Quiero el segundo capítuloooooooooooooooooooooo